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¿Causas y factores de riesgo para la depresión?

Riesgos de la depresión

La causa exacta de la depresión no se comprende completamente, sin embargo, puede existir diversos factores que pueden predisponer a su desarrollo. Entre estos factores de riesgo se encuentran la predisposición genética, eventos desencadenantes emocionales como pérdidas significativas, el género femenino, ciertos trastornos médicos, y efectos secundarios de ciertos medicamentos [1].

Factores que pueden influir

Es importante destacar que la depresión no refleja una debilidad de carácter ni falta de esfuerzo por sentirse mejor. La condición no está influenciada por la clase social, ascendencia o aspectos culturales, ya que cualquiera puede experimentarla en algún momento de la vida [2].

Así mismo, las alteraciones en el equilibrio hormonal, como las que ocurren durante el embarazo, el posparto, problemas de tiroides o la menopausia, también pueden desempeñar un papel en la depresión. Además, se ha observado que la depresión tiene una tendencia a ser hereditaria, con mayor incidencia en personas con familiares que también padecen el trastorno, y los investigadores están buscando genes que puedan estar involucrados en su desarrollo [1][2].

¿Cuándo puede comenzar?

Por lo general, inicia en la adolescencia o en la edad adulta temprana, pero puede surgir en cualquier etapa de la vida. Aunque las mujeres son más propensas que los hombres a recibir un diagnóstico de depresión, esto podría deberse en parte a una mayor disposición de las mujeres para buscar tratamiento [1].

Principales factores de riesgo

Algunos factores de riesgo que parecen desencadenar la depresión son: 

  • Ciertas características de la personalidad, como tener una autoestima baja o ser excesivamente dependiente, autocrítico o pesimista.
  • Experiencias traumáticas o estresantes, como abuso físico o sexual, la pérdida de seres queridos, dificultades en relaciones interpersonales o problemas económicos. 
  • Antecedentes familiares de trastornos como depresión, trastorno bipolar, alcoholismo o suicidio. 
  • Historial de otros trastornos de salud mental, como ansiedad, trastornos alimentarios o estrés postraumático.
  • Consumo de alcohol o drogas recreativas. Enfermedades graves o crónicas, como cáncer, accidente cerebrovascular, dolor crónico o enfermedades cardíacas.
  • Uso de ciertos medicamentos, como aquellos para tratar la hipertensión o el insomnio (se recomienda consultar con un médico antes de suspender cualquier medicación).

Consulta siempre a tu médico antes de decidir algo que pueda impactar tu salud.

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